martes, 8 de noviembre de 2011

Entrevista a Fernando Kabusacki


El reconocido músico Fernando Kabusacki, quien interpreta  hace más de veinte años la melodía que acompaña  destacadas películas del cine mudo mundial, dialogó con M&A Cultura sobre el arte de ponerle música a las películas.  Es uno de los principales exponentes de la nueva música instrumental argentina; toca guitarras eléctricas, acústicas y sintetizadas y compone música para dibujos animados, cine y teatro. Vive actualmente en Buenos Aires.
¿Cómo surge la composición de la música para las películas mudas? ¿Qué recursos utilizan? 
Surge a través de la improvisación. En este caso somos dos músicos pero esto va variando, utilizamos pianos, campanas, oboes, clarinetes, chelos, percusiones, recursos  sonoros mediante la computadora. Algunos sonidos son típicos del género;  pero nada está estudiado ni hablado previamente, es instintivo. A veces probamos con algunas cosas, las funciones son distintas unas de otras. La idea es crear diferentes  atmósferas.
¿Existe diferencia entre el trabajo de componer para una película muda y una sonora?Son trabajos muy distintos, la idea  para películas mudas es simplemente acompañar con música. En cambio,  la proyección de una película con  banda sonora implica  una selección más minuciosa. Esto es para que la gente pueda disfrutar  la proyección. Ahora no podría decirte qué me gusta más. Ambas tienen algo interesante, distinto.
¿Cómo es el público que asiste a las funciones? Está el público cinéfilo, que  viene a ver algo casi como arqueológico, y hay gente que viene por el interés cultural, u otra gente que dice:"vamos?, son películas con música en vivo". También asisten  familias para mostrarles a sus hijos un cine distinto del actual.
¿Varía en algo ver una película en una sala grande o en  una pequeña?El lugar modifica mucho. La experiencia es un poco más cálida en un lugar como  un Centro Cultural que en un cine de 250- 500 butacas. En lugares más pequeños hay menos gente, el volumen es más tranquilo, se genera algo más íntimo. En las funciones del Malba, por ejemplo, al que concurren 150 personas, tocamos mucho más fuerte. Cuando hay muchos espectadores y las  películas son graciosas, la gente se ríe muchísimo y todo se potencia.
¿Por qué elegiste este género? Uno va haciendo caminos, yo siempre hice lo que me resultó genuino hacer. Nunca haría un disco de blues porque no soy músico de blues. Pero el cine siempre me atrajo y sentí que era lo mío y también  algo que yo podía hacer y que era  llamado  a hacerlo.